Innovar siempre ha sido una acción inherente a la condición humana. El hombre siempre ha tratado de darle usos alternativos a elementos destinados, creados o usados en un primer momentos para otros menesteres. La cocina y por consiguiente los alimentos y bebidas no han sido la excepción. Combinaciones extravagantes, remedios caseros, experimentos científicos… todo tiene cabida dentro de la inventiva humana. En este post repasaremos algunos de estos usos alternativos.
En primer lugar hay que señalar el archiconocido experimento de mezclar el refresco de cola light de la marca roja con letras blancas que vende felicidad con el caramelo tipo Mentos. Al lanzar 4 o 5 pastillas de la golosina mentolada dentro de una botella de dos litros del refresco, una fuerte fuente de espuma fruto de una reacción sale despedida como una fuente gigante de refrescante y pegajoso líquido. Se han realizado incluso estudios, como el de la Universidad Estatal de los Apalaches en el que se prueban diferentes tipos de golosinas de similar composición para demostrar que con ninguno ocurre exactamente lo mismo. Tras el análisis, se llega a la conclusión de que no hay resultados esclarecedores de porqué sucede el fenómeno. La inventiva, siempre conlleva una innovación sobre la innovación e internet ya ofrece técnicas para sacar provecho al invento como meter en la cubitera de hielo mentos para que se congelen dentro de un cubito y que al entrar en contacto con el refresco light este genere una reacción en el vaso de cualquier usuario.
En la misma línea, pero en otro orden de elementos, recuerdo una reacción parecida (pero menos agresiva) en la combinación entre el vinagre y el bicarbonato sódico. Se trata de una reacción de la que hablaban en los colegios e institutos mediante la cual el bicarbonato al entrar en contacto con el ácido cítrico del limón o con el ácido acético en caso del vinagre, daba como resultado la generación de una especie de espuma burbujeante y la emisión de gas. Los más viejos del lugar aseguran que si justo en el momento de la reacción se incluye un metal (como una moneda o un anillo) en el interior del producto se consigue un efecto limpiador. Las migas de pan, prensadas y utilizadas como se usaría una esponja con movimientos circulares también se convierten en un útil y eficiente limpiador de monedas y otros metales como el oro o la plata.
Pero no perdamos de vista el vinagre y el limón. El típico aderezo para ensaladas, pringadas, filetes, verduras, huevo y un largo etcétera, y la ácida fruta empleada en
Y para repeler las hormigas de los paquetes abiertos de azúcar, o de cosas dulces, el ser humano también innovó y descubrió que al incluir dentro del contenido ramas de canela los infames bichos se retractaban de su idea de expoliar azúcares.
También descubrió que incluyendo dentro de los saleros granitos de arroz (en lugar de la sal en el arroz) la sal no se convertía en un bloque uniforme y estaba siempre suelta y lista para salir del recipiente. Y si en lugar de un salero se usaba un globo gigante como recipiente los niños tenían un juguete ruidoso (¿e inservible?) con el que jugar agitando el mismo con una goma elástica atada a la punta.
De otra parte, hay que destacar una de las aplicaciones más curiosas, extravagantes e increíbles de todas las conocidas. Se trata del uso del aceite de girasol como combustible alternativo para los coches diésel. Siempre ha existido la creencia de que se trata de un falso mito, o de una falacia extendida por un amigo que conocía a un
Otros usos extragastronómicos pueden ser el membrillo (como tal sin cortar ni nada) utilizado como un ambientador, el aceite como solución a una piel seca, la patata utilizada a modo de experimento como conductor eléctrico (otro clásico de ciencias), la utilización de un vaso de vinagre en la ventana de una habitación como repelente de insectos alados… Seguramente cada lector recuerde y ponga mentalmente una andana de usos alternativos para la comida según su imaginario personal y complete este muestrario.