Haciendo zapping por una de las numerosas opciones que ofrece la TDT, empezaba una célebre serie de los 90 que cautivó a pequeños y mayores: Farmacia de Guardia. El pequeño de la casa, el pelirrojo travieso y bajito llamado Guille, entraba comiendo una bolsa de patatas que me resultaba familiar; no había duda, ¡eran Drakis!. Se trataba de una de las joyas de la corona de la marca Matutano. Eran dentaduras de Drácula de maiz inflado y con un toque espectacular de ketchup (o algo que se le parecía horrores). La mayoría de niños acababa haciendo la broma de colocarse los postizos dientes, levantar las manos hacia arriba con un aspaviento y gritar de la forma tan terroríficamente posible como la ocupada boca permitiese. Estas dentaduras vampirescas amenizaron muchas de las fiestas de cumpleaños de la época. Eran todo un clásico, pero su simpático logo, un niño-vampiro con dientes postizos, (que eran el propio snack), la preciada bolsa roja, y por desgracia este manjar apto para todas las edades, desaparecieron de las estanterías. En su lugar aparecieron los en un primer momento llamados Drakis Pandilla, y posteriormente rebautizados como Cheetos Pandilla. La nueva bolsa cambió la composición de los ingredientes (de dentaduras se pasó a fantasmas y murciélagos finos y de patata), venía más vacía, era (y es) de color morado, y por supuesto dejó de ser lo que era. Los nostálgicos han creado incluso una página en Facebook de apoyo a la golosina.
Igual que esta joya de las bolsas ha existido una larga lista de clásicos de los recreos, postmeriendas, cines y noches de películas.
Proliferaron un sinfín de tipos, marcas y variedades en bolsas (de las que abuelas, tías y familiares te compraban y permitían comer, y que una madre acusaba de ayudar a quitar el hambre para las lentejas o los garbanzos) entre las que podemos destacar los primeros Cheetos que llegaron a España. Los Cheetos hispánicos se caracterizaban por tener tres tipos esenciales de bolsas, la verde, la azul y la roja, con tres ratones de diferente peso y altura (probablemente hermanos aunque no está demostrado), que daban aspecto al packaging de Rizitos, Bolitas y Torciditos. Torciditos, que eran el equivalente tintador de manos de los Risketos, fue el primero de los ratones en desaparecer.
Los fritos, conos y boca-bits (cortezas con un fuerte, anestesiante y adictivo sabor), así como las patatas Ruffles (después Lays), eran otras de las opciones del florido mercado patatil. Los fritos cosecharon gran éxito durante mucho tiempo, aunque poco a poco fueron disminuyendo en cantidad de peso, por lo que fueron convirtiéndose en una pieza poco deseada, y a la que recurrían madres, padres o mayores por no llenar tanto y tener un sabor aceptable. Los fritos tuvieron varias vertientes, además de los barbacoa, los clásicos, salieron otras opciones como los Fritos picantes o los Fritos Ketchup. No sobrevivieron. Sí lo hicieron, sin embargo, los barbacoa. Incluso tuvieron un competidor de tosfrit que ellos también llamaron originalmente Fritos. Hoy conviven junto con el original y otros de Facundo.
También estaban los Doritos, los originales, (nachos sin apenas sabor) y los Doritos que se popularizaron, los de queso. Posteriormente llegarían los Tex-mex (picantes) y los Rock and Cream, estos más suaves. Cabe mencionar como bolsa freak encuadrada dentro del movimiento y la cultura creada en torno al humorista Chiquito de la Calzada, los Fistros.
Fuera del mundo Matutano, merece especial mención el gusanito alargado y gigantesco en versión doble y barata llamada Aspito. Los había (y hay) en dos versiones: Normal (los verdes) y Jamón (los rosas). Un clásico recurrente para niños pequeños, o como piscolabis económico y del que no arruinaba tanto una posterior comida o cena.Igualmente, en el lugar de joyas olvidadas está la pizquilla; la pizquilla se caracterizaba (aún existe) por llenar las manos de un tizne rojizo y penetrante que no salía ni frotando con la esponja. Era junto al risketo, la bolsa que más ensuciaba, el terror de las madres, el rompedor de familias. También tuvo una versión sin colorante, más parecida al gusanito, que no gozó de tanto éxito debido a que no era tan divertido de comer (y de saborear también en los dedos). El ya mencionado risketo, fue un clásico que está entre los best-seller de las golosinas. Es un rígido, crujiente y alargado snack colorante de manos. Tenía su competidor en una marca rival (Risketos es de Risi), los Panojitos. Tenía y tiene la misma composición del Risketo aunque algo menos duro y sin colorante, y con mucho queso.
Pero, sin duda, los clásicos que nunca mueren son las palomitas de maiz extrusionadas ( no las típicas del cine), y los gusanitos, esas pequeñas piezas saladas y con forma de lombriz. Palomitas y gusanitos tuvieron también sus variantes… Como en casi todo el ketchup fue nuevamente la opción de las diferentes marcas por hacer los B de estas dos piezas de las chucherías embolsadas. En esta misma línea estarían las pajitas, esa especie de gusanito más duro, estirado y fuerte y que nuevamente estaba en las versiones originales y con salsa de ketchup.
No sabemos si el niño de Farmacia de Guardia comía todas estas joyas o clásicos, de las bolsas de patatas (por su aspecto habría que apostar que sí), aunque sí es seguro, que las conocería e incluso añadiría un gran número a la lista.
Imagen portada: El tipo de la Brocha