Las Recetas de Con Cuchillo y Tenedor

Mamá ¡dame chuches!

Algunos niños reciben chucherías y golosinas con más frecuencia de lo debido, unas veces por la incapacidad de los padres para negarse a la petición incansable de sus hijos, que demandan estos productos, otras por el desconocimiento de los padres respecto a sus efectos perniciosos. Las chucherías y golosinas pueden ser saladas o dulces y ambas se caracterizan porque son muy apetecibles, produciendo “casi dependencia”.

Las calorías que aportan estos productos son altas, a veces excesivamente elevadas, contribuyendo a que los niños o bien engorden o bien coman pocos alimentos sanos, aquellos que les hacen crecer de manera equilibrada.

¿Son las chucherías y golosinas alimentos?
Claro que sí. El diccionario de la Real Academia Española define chuchería como “alimento corto y ligero, generalmente apetitoso”, mientras que golosina como “manjar delicado, generalmente dulce, que sirve más para el gusto que para el sustento” o “cosa más agradable que útil”. Son pues “alimentos vacíos”, calóricos pero con escaso valor nutritivo.

Golosinas y dulces (caramelos duros, caramelos blandos, gominolas, chicles,…), chocolates, aperitivos (patatas fritas, cortezas, palomitas de maíz, frutos secos,…), golosinas líquidas para congelar, geles dulces, dulces de regaliz…

Los ingredientes más empleados

¿Pueden ser perjudiciales?
Su abuso puede tener consecuencias no deseables, favoreciendo:

Estos episodios cursan con atragantamiento, sofoco y asfixia, a veces no presenciados por los adultos, en cuyo caso el niño sufrirá neumonías de repetición porque el fruto seco aspirado se hincha obstruyendo el paso de aire y dificultando el drenaje de las secreciones pulmonares.

En consecuencia nunca permita que su hijo, si es menor de cuatro años, consuma frutos secos.

¿Qué podemos hacer los padres?

Imagen: meconocesmascarita.blogspot.com

Esta entrada es original del blog “Komo-como” de Regina Martínez.